sábado, 13 de diciembre de 2008

Manna: Capítulo 2

Manna
Capítulo 2


Una vez que Burger-G probó que Manna funcionaba, la idea se extendió como un fuego arrasador. Toda cadena de restaurantes usaba Manna. Toda tienda al por menor, tanto si era una tienda de descuentos, de decoración, de juguetes, o de artículos de oficina, tenía un sistema Manna. Veías a gente llevando auriculares en las zonas de construcción, en los aeropuertos, en los parques de atracciones, en los hospitales, en los cines, en las tiendas de comestibles... Estaban en todas partes.


Puedo recordar sentarme un día con mi amigo Brian a la hora de comer. Él estaba trabajando en el supercentro de grandes descuentos en Raleigh, y se acababan de cambiar a Manna. Estaba aturdido.


No importa si eres un duro trabajador o un gandul – una vez que te pones los auriculares, vas a estar trabajando cada minuto del día o estás despedido. El sistema ya ha echado a cinco personas.”


¿Qué es lo que te ha hecho hacer todo el día?” Había como 50 personas trabajando en el supercentro a cualquier hora – era una tienda de casi 200000 pies cuadrados.


Manna te tiene moviéndote por toda la tienda pasillo por pasillo. Apuesto a que ahora estoy caminando seis u ocho millas cada día. Estoy constantemente recolocando mercancía en los estantes. Manna sabe dónde estoy, y sabe dónde tiene que estar todo en los estantes, así que me pide recolocar producto por producto. Manna quiere que todo en los estantes quede perfecto. También presiona en reponer artículos. Así que me preguntará “¿Cuántos rollos de cinta de pintor quedan en el estante?” En el momento que hay pocos, me hace ir a la trastienda a sacar mas artículos para los estantes. Sabe lo que se está vendiendo en las cajas registradoras, así que sabe cuando hace falta reponer cualquier cosa y se asegura de que haya suficientes artículos de cada producto.


Eso no suena inusual.” Dije.


No es inusual, excepto que Manna te dice que hacer exactamente cada minuto del día. Si te pide que vayas a la trastienda a coger mercancías, te dice por dónde ir exactamente para llegar. Y aquí está lo más extraño –Nunca veo a otros empleados en todo el día. De la forma en que me hace andar nunca encuentro a alguien más. Puedo hacer todo un turno y no ver nunca a otro empleado. Incluso nuestros descansos son escalonados. Todos descansan solos. Siempre llegamos escalonados. Es como si Manna estuviera intentando eliminar totalmente cualquier interacción humana en el trabajo.”


so es espeluznante. ¿Por qué haría eso?” Pregunté.


Brian mi´ro hacia abajo. “Supongo que hablar con los compañeros malgasta el tiempo, y Manna está eliminando el malgasto allí donde puede.”


¿Qué más te está haciendo?” Le pregunté.


Estoy constantemente comprobando que no haya vertidos u otros problemas en los pasillos – Manna nos usa como sus ojos para buscar problemas constantemente. También busco clientes en los pasillo y les pregunto cómo puedo ayudarles – el servicio al consumidor es muy importante para Manna, siempre y cuando dure menos de 30 segundos. Y Manna nos tiene siempre buscando ladrones. Todo el día nos tiene yendo de aquí para allá y de arriba a abajo por los pasillos colocando cosas, preguntado a clientes si necesitan ayuda y buscando ladrones. Y como dije, nunca te encuentras con otro empleado. No hay charlas. No he vuelto a ver a Amy. O a Kevin. Al minuto de ponerte los auriculares ya estás trabajando y trabajas solo y sin parar hasta que te quitas los auriculares al final de tu turno.”


Mierda.” Eso es lo único que conseguí decir.


Brian preguntó “¿Te recuerda Manna cuanto te queda de descanso en el Burger-G?”


Sí, cada minuto me lo recuerda.”


Incluso tus descansos eran supervisados. Nunca lo había pensado, pero en Burger-G los descansos también eran escalonados. Cuando mamá y yo fuimos a comprar al la tienda de Brian, podías notar la diferencia que Manna había logrado. Cada dos o tres minutos un empleado pasaría cerca de ti no importa dónde estuvieras en la tienda. Los artículos de los estantes estaban siempre pulcros, y había existencias de todo. Los suelos estaban impolutos. Los carros de la compra nunca desbordaban sus zonas asignadas en el aparcamiento. Si necesitabas ayuda, sabías que lo único que tenías que hacer era quedarte allí y un empleado pasaría cerca en un minuto o así.


Cuanto más evolucionaba el sistema Manna, más responsabilidad ganaba. Desde el principio, Manna era capaz de programar el horario de los empleados. Manna imprimía una hoja de papel para cada empleado para que la pusieran en su frigorífico – te decía las horas de la semana. En su versión 2.0 fueron más allá. Conectaron Manna a la red telefónica y a la red pública de correo electrónico. Así que Manna era capaz de empezar a llamar y mandar correos a los empleados y recordarlos que aparecieran a tiempo. Si un empleado no aparecía, Manna llamaba a otro como reemplazo. Si la tienda se abarrotaba inesperadamente, Manna podía pedir refuerzos.


En la versión 3.0, el software ganó también la habilidad de despedir empleados. Tenía un amigo que fue despedido de esa forma. Apareció tarde en la tienda para su turno, y era la tercera vez que llegaba tarde. Fichó y se puso los auriculares. Caminó hasta el escaner ocular para ingresar. Dijo que Manna sonó normal, y que le tuvo trabajando durante una media hora. Después Manna le pidió que fuera a la sección 7 en la parte de atrás de la tienda. Un empleado de seguridad de Burger-G le esperaba allí con 3 hojas de papel. El tipo de seguridad llevaba el uniforme de seguridad negro, sus gafas de sol opacas y sus auriculares integrados en el casco. Miró a su espalda y allí había otro empleado de seguridad cerca de la puerta. Manna le dijo, “Steven J. Canis, empleado número 4378561, por la presente su trabajo en la tienda Burger-G número 152 ha terminado de acuerdo con el manual del empleado párrafo 12.1, fracaso al aparecer a tiempo en su puesto de trabajo.” Manna le leyó las tres hojas de información del finiquito párrafo por párrafo y le pidió que confirmara cada párrafo. No podría volver a ninguna tienda Burger-G por período de un año No podría pedir trabajo de nuevo en ningún Burger-G antes de cinco años. Cosas de esas. Manna le hizo firmar los papeles y los empleados de seguridad le escoltaron fuera de la tienda hasta su coche. Los empleados de seguridad nunca dijeron ni una palabra, pero Manna le habló durante todo el paseo, diciéndole que mirara hacia abajo, que no hiciera gestos, y que no hablara con nadie. Lo último que Manna le dijo fue, “Quítese los auriculares y entrégueselos al oficial de seguridad de su izquierda. Adiós.”


No tardó mucho en expandirse el rumor. Demasiado, si sabías que ibas a llegar tarde y ya lo habías hecho antes, llamabas a Manna con tu teléfono móvil y renunciabas. Manna te enviaba por correo electrónico los formularios, te llamaba cuando los recibías para así poder leértelos, y los firmabas. Eso acabó con que la gente llegara tarde.


En su versión 4.0, Manna tenía la habilidad de subcontratar. Digamos que Manna decidía que ya era hora de repintar las líneas del aparcamiento. Manna tomaría su decisión usando las encuestas a los clientes y preguntando periódicamente por el aparcamiento, la pintura de dentro de la tienda, la del exterior, el suelo, etc. Un inspector de la corporación Burger-G vendría también una vez al mes e introduciría en el sistema Manna información sobre la tienda y sus terrenos.


Cuando Manna tomase la decisión de repintar las líneas del aparcamiento, llamaría a varias compañías y obtendría ofertas, Manna no haría esto por teléfono, obviamente. Lo haría electrónicamente a través de Internet. Para entonces, la mayoría de las compañías estaban enganchadas a la red Manna, incluso si no usaban Manna para administrar a sus empleados. Las dos copias del programa – el software Manna que funcionaba en el restaurante Burger-G y el software Manna funcionando en la compañía de mantenimiento de aparcamientos -- negociarían el precio a través de Internet.


Ya que todo el proceso lo realizaban máquinas, la aplicación Manna del restaurante podía pedir precios a todas las compañías de mantenimiento de aparcamientos de la zona. Estas compañías mandarían sus ofertas de vuelta a través de la red. Entonces, la aplicación Manna del restaurante conectaría con otros programas Manna para pedir referencias y conseguiría información de experiencias pasadas con cada vendedor. Basándose en los precios y la información, Manna podría elegir a un vendedor, negociar las condiciones, hacer el depósito y programar el repintado. El proceso completo desde el principio hasta el final le tomaría menos de 10 segundos.


Según las redes de comunicaciones entre las diferentes aplicaciones Manna se construían, las cosas empezaron a ser incómodas para todos los trabajadores. Por ejemplo, el software Manna de cada tienda sabía del rendimiento de cada empleado con microscópico detalle – Cada cuánto el empleado llegaba a tiempo o con antelación, cómo de rápido hacía su trabajo, cómo de rápido contestaba al teléfono o respondía al correo electrónico, cómo valoraban los consumidores al empleado y así. Cuando un empleado dejaba una tienda e intentaba obtener un trabajo en otra parte, cualquier otra aplicación Manna podía pedir el registro de rendimiento del empleado. Si un empleado daba problemas -- llegaba tarde, era lento, desorganizado, descuidado – se volvía casi imposible obtener otro trabajo. Casi todas las compañías con empleados de sueldo mínimo usaban Manna u otros programas similares, y los registros de rendimiento de los empleados eran mercancía de cambio entre corporaciones. Un empleado marginal podía entrar en la lista negra muy rápido.


Esa habilidad para poner en la lista negra a los empleados hizo que las cosas se pusieran feas, porque le dio a Manna demasiado poder. Manna estaba en todas partes, y administraba casi la mitad de los trabajadores de los Estados Unidos a través de auriculares, teléfonos móviles y correo electrónico. Manna entró en acción y se hizo también con un gran pedazo del gobierno. Se llegó a un punto en el que decenas de millones de humanos no hacían nada en el trabajo a menos que una aplicación Manna se lo dijera.


Puedes imaginar lo que ocurrió. Manna te despide porque no fuiste al trabajo un par de veces. Ahora intentas encontrar trabajo en otro sitio. Ninguna otra aplicación Manna va a contratarte. Siempre hubo un miedo implícito en la economía estadounidense -- “si no tienes trabajo, no puedes hacer dinero y te convertirás en un sin techo.” Manna cogió ese miedo y apretó los tornillos. Si no hacías lo que Manna te ordenaba, te despediría. Entonces no conseguirías trabajo en ninguna otra parte. Eso le dio a Manna mucho poder.


Por ejemplo, Manna podía llamar refuerzos si los necesitaba. Podías recibir una llamada de Manna y te diría, “Tu restaurante Burger-G está experimentando un volumen inesperado de consumidores. ¿Puedes ayudar?” La palabra “ayudar” significaba, “¿Puedes estar aquí en menos de 10 minutos?” Tú podías decir sí o no. El problema era que si decías “no” demasiadas veces, estabas despedido. Y cuando te despedían, significaba entrar en la lista negra del sistema.


Una vez que lo intuías, te veías obligado a decir “sí”. Eso significaba que los horarios impresos empezaron a ser irrelevantes. Manna te llamaría cuando quisiese llamarte. Luego empezaba a llamarte para que fueras a otros restaurantes. Si la actividad en el restaurante se reducía, Manna te mandaría a casa, luego te llamaría más tarde para que volvieses si la actividad aumentaba. Tú no podías decir “no” muy a menudo, y eso significaba que Manna podía interrumpir tu vida en cualquier momento.


La versión 4.0 de Manna fue también la primera versión en hacer respetar los tiempos medios para cada tarea., y eso fue incluso peor. Manna te pediría que limpiases los baños. Pero ahora, Manna tenía guardados en su software los tiempos medios de limpieza de baños industrial, así como “objetivos de tiempo”. Si te llevaba demasiado el limpiar el suelo o los lavabos, Manna te diría, “Te estás retrasando”. Cuando dijeras “OK” para avisar que habías terminado, Manna te diría “Tu tiempo ha sido de 4 minutos 10 segundos. El tiempo medio industrial es de 3 minutos 30 segundos. Por favor, céntrate en cada tarea.” Cualquiera que constantemente tardaba demasiado era despedido. En el supercentro, Brian dijo que Manna ahora llevaba la cuenta de cómo de rápido iban los empleados de un punto A a otro B en la tienda, Y si no andabas lo suficientemente rápido, Manna te avisaría de ello. Era como trabajar en una línea de montaje, donde aceleraran la cinta para hacer trabajar más rápido a los empleados. Pero ahora la línea de montaje estaba en todas partes, y si no te dabas prisa sabías que estarías en una lista negra a nivel nacional.


Lo más sorprendente de la aplicación Manna, a pesar de todo, era el efecto que tenía en los salarios. A medida que Manna se extendía a gran cantidad de negocios, tus opciones eran trabajar para Manna o estar desempleado. Cuando empezabas a trabajar para Manna, te pagaba el salario mínimo. No había razón para pagarte más – tus opciones eran un salario mínimo o nada. No había manera de pedir un aumento a Manna. Podías renunciar, pero si lo hacías tendrías que pedir trabajo en otros negocios que usaran Manna. Y allí también te darían el sueldo mínimo.


Este era el poder social de Manna, y la ecuación básica era muy simple. Podías trabajar por un salario mínimo, o podías estar sin empleo cobrando cero. En cualquier momento, Manna podía reemplazarte por otro cuerpo caliente, y eso significaba que o hacías lo que te pedían por el sueldo mínimo o eras despedido. Manna, y las empresas que lo usaban, sabían que ésa era la ecuación. Había mucha gente desempleada que te podía reemplazar si lo dejabas.


El efecto de Manna fue el de estratificar a todos los trabajadores de sueldo mínimo de Estados Unidos. Abajo del todo tenías a la gente desempleada. Manna les había apretado y puesto en la lista negra. Habían tenido que volver a vivir con sus padres o a dormir en el sofá de algún amigo. Podías hacer que te quitaran de la lista negra, pero si volvías a entrar más de un par de veces, estabas muerto.


Así estaban todos los desempleados. Entre que Manna estaba mejorando la eficiencia y forzando el despido de los administradores y la subcontratación de personal en el extranjero para el trabajo de oficina, y la llegada de máquinas como las cajas de pago automático o las que daban la vuelta a las hamburguesas y demás, había cantidad de gente que estaba sin empleo. Los desempleados se pasaban el día pidiendo trabajo. Pero de cierta forma, esto era un sinsentido. Todos los interconectados programas Manna conocían a cada trabajador en la bolsa de trabajo. Manna también sabía el rendimiento de cualquiera que una vez hubiera trabajado para la aplicación. De verdad que estabas en una mala situación si estabas desempleado.


Luego estaba toda la gente que era administrada por Manna. Todos cobraban el salario mínimo. Si llevabas unos auriculares en tu trabajo, estabas cobrando el sueldo mínimo y todo el mundo lo sabía. Y todos sabían que si no hacías lo que Manna te decía que hicieras, tan rápido como Manna te dijera, estarías desempleado y ganando nada.


Y luego estaban todos los demás – los médicos, abogados, contables, oficinistas, ejecutivos, políticos. Los ejecutivos y políticos ganaban una tonelada de dinero y nunca llevarían auriculares. Joe García del Burger-G estaba ganando 100 millones de dólares por año y viviendo como una estrella del rock.


Y Manna estaba empezando a ir a por los oficinistas. La idea básica era dividir cada trabajo en una serie de pasos que Manna pudiera administrar. Nadie se había dado cuenta antes, pero casi todos los trabajos tienen partes en las que se pueden dividir.


Las sociedades de salud y hospitales, por ejemplo, estaban empezando a poner auriculares a los médicos y cirujanos. Ayudaba a reducir la mala praxis asegurándose de que los cirujanos seguían cada paso del procedimiento quirúrgico. Los hospitales podían incluso hiperespecializar a sus cirujanos. Por ejemplo, un cirujano no haría nada más que abrir el pecho en una intervención cardíaca. Otro haría los injertos arteriales. Otro más vendría a inspeccionar el trabajo y a cerrar al paciente. Lo que con el tiempo vino a significar que las sociedades de salud podían entrenar técnicos para los procedimientos de apertura y cierre a un precio mucho menor. Eventualmente, cualquier parte de la cirugía subdividida podría ser realizada por un técnico superespecializado. Manna mantendría todos los procedimientos en la senda correcta que virtualmente eliminaba cualquier error. Manna podría programar 5 o 10 cirugías rutinarias a la vez. Los técnicos lo harían todo, con un cirujano de los actuales supervisándolo todo y resolviendo cualquier emergencia. Todos llevaban auriculares, y Manna controlaba cada minuto de sus vidas laborales.


Esa misma hiperespecialización se podía aplicar a gran cantidad de trabajos de oficina. A los abogados, por ejemplo. Podías coger cualquier problema legal rutinario y subdividirlo – demandas de divorcios sin contestar, transacciones de bienes reales, la mayoría de los contratos estándar, así con todo. Fue sorprendente cuando se empezaron a ver auriculares apareciendo por todas partes, y allí donde los veías, sabías que la gente estaba encerrada, que estaban trabajando cada minuto del día y que sus salarios estaban cayendo.


Para el 2020 yo estaba terminando mis estudios. Tenía un título de magisterio de arte y un máster en administración educacional. Mi plan era enseñar en un instituto por dos o tres años para coger experiencia “en las trincheras”, y luego cambiarme a una plaza en la administración o en el gobierno. Estaba listo para empezar a enseñar y estaba deseando hacerlo. La educación era una de la áreas, hasta el momento, que no habían sido tocadas por Manna, así que en ese sentido era afortunado. También tuve suerte de que hubiera trabajo disponible, y no tuve demasiados problemas para hacerme con un puesto. Fue un milagro.


El 2020 fue un año importante para mí – había estado trabajando en un Burger-G mientras estudiaba para tener algo de dinero para gastos, y ahora tendría mi primer trabajo realmente libre de Manna.


Pero ese año se convirtió en un punto de inflexión para todo Estados Unidos. Fue una coincidencia divertida. El 2020 fue el año en que se desarrolló la visión por computador.

martes, 9 de diciembre de 2008

All is full of love

Así se llama esta canción de 1999 de la islandesa Björk



Este videoclip es tan famoso que tiene su propia página web.

you'll be given love
you'll be taken care of
you'll be given love
you have to trust it

maybe not from the sources
you have poured yours
maybe not from the directions
you are staring at

trust your head around
it's all around you
all is full of love
all around you

all is full of love
you just aint receiving
all is full of love
your phone is off the hook
all is full of love
your doors are all shut
all is full of love!

all is full of love
all is full of love
all is full of love
all is full of love
all is full of love

Manna: Capítulo 1

Dependiendo de cómo quieras verlo, fue divertido o inevitable o simbólico que la toma del poder por parte de los robots no empezase en el MIT, la NASA, Microsoft o Ford. Comenzó en un restaurante Burger-G en Cary, Carolina del Norte el 17 de mayo de 2010. En su momento pareció algo muy simple, pero el 17 de mayo fue un punto de inflexión en la historia de la humanidad.


Burger-G era una cadena de restaurantes de comida rápida que había salido de la nada estableciendo su primer restaurante en 2001. La cadena de restaurantes Burger-G tenía una aptitud y estilo que decían “a la moda” y “divertido” a una amplia franja de estadounidenses de clase media. La cadena de restaurantes consiguió crecer con suficiente rapidez basándose en su popularidad y en la personalidad pública de su joven fundador, Joe García. Para 2010 la cadena tenía 1000 puntos de venta en los Estados Unidos y no mostraba signos de estancamiento. Si la tendencia continuara, Burger-G sería rápidamente una de las 5 mejores cadenas de restaurantes de comida rápida de Estados Unidos.


El “robot” instalado en el primer restaurante Burger-G no se parecía en nada a los robots de la cultura popular. No era un homínido (humanoide) como C-3PO o fu turístico como R2-D2 o industrial como cualquier robot de una cadena de montaje. En vez de eso, era simplemente un PC situado en una esquina trasera del restaurante ejecutando un programa. El programa se llamaba “Manna”, versión 1.0*.


El cometido de Manna era llevar la tienda, y hacía esto de una forma muy interesante. Piensa en el típico restaurante de comida rápida cerca del año 2000. Había un grupo de empleados trabajando allí, normalmente 50 personas en un restaurante normal rotando sus puestos en un horario semanal. Esta gente hacía todo desde preparar las hamburguesas a tomar nota, a limpiar las mesas, hasta sacar la basura. Todos estos empleados respondían ante el encargado de la tienda y ante un par de encargados asistentes. Los encargados contrataban empleados, los organizaban y les decían qué hacer cada día. Éste era un contrato completamente normal. In el 2000, había millones de negocios que funcionaban de ésta forma.


Cerca del 2000, la industria de la comida rápida tenía un problema, y el caso de Burger-G no era diferente. El problema era la calidad en la experiencia del cliente con la comida rápida. Algunos restaurantes funcionaban perfectamente. Tenían empleados corteses y atentos, baños limpios, un gran servicio al consumidor y una gran precisión en los pedidos. Otros restaurantes eran caóticos e incómodos para los clientes. Desde que una mala experiencia podía restar clientes a una cadena entera de restaurantes, estos mal gestionados restaurantes se convirtieron en el talón de Aquiles de cualquier cadena.


Para solucionar el problema, Burger-G contrató a un consultor de software y encargó una aplicación. El objetivo de este programa era reemplazar a los encargados y decir a los empleados que es lo que tenían que hacer de una manera mucho más controlada. Manna versión 1.0 había nacido.


Manna estaba conectado a las cajas registradoras, así sabía cuanta gente estaba por el restaurante. Por lo tanto, el programa podía predecir con una especial precisión cuando se llenarían las papeleras, se ensuciarían los baños y cuando las mesas necesitarían ser limpiadas. El software estaba también conectado al reloj del restaurante, así sabía quién estaba trabajando en ese momento. Manna también tenía botones de “ayuda” por todo el restaurante. Pequeñas señales en los botones indicaban a los clientes que podían presionarlos si necesitaban ayuda o veían algún problema. Había un botón en los lavabos que cualquier cliente podía presionar si el baño se estropeaba. Había un botón en cada papelera. Había un botón cerca de cada caja registradora, uno en el área de recreo para niños y así. Estos botones permitían a los consumidores llamar la atención de Manna cuando algo iba mal.


En cualquier momento Manna tenía una lista de cosas por hacer. Había pedidos entrando desde las cajas registradoras, así que Manna mandaba a los empleados a preparar esos menús. Había también baños que necesitaban ser limpiados diariamente, suelos que fregar, mesas que limpiar, aceras que barrer, bollos que descongelar, inventario que iterar, ventanas que limpiar y así. Manna mantenía el seguimiento de cientos de tareas que necesitaban ser realizadas, y asignaba cada tarea a un empleado cada vez.


Manna decía a los empleados qué hacer simplemente hablándoles. Cada empleado se ponía un auricular cuando fichaban. Manna tenía un sintetizador de voz, y con su voz sintetizada les decía a cada uno exactamente qué tenían que hacer a través de sus auriculares. Constantemente. Manna micro-dirigía a los empleados de sueldo mínimo para conseguir un perfecto rendimiento.

El software podía hablar individualmente a los empleados y decirle a cada uno exactamente qué hacer. Por ejemplo, “Bob, necesitamos más patties. Por favor ve al congelador.


O, “Jane, cuando termines con este consumidor, por favor cierra tu registro. Luego limpiaremos el baño de mujeres”


Y así con todo. Les decía a los empleados que tenían que hacer exactamente, y ellos lo hacían felizmente. Fue un gran alivio, por que el programa les decía con precisión que hacer paso a paso.


Por ejemplo, cuando Jane entró en el baño, Manna usó un simple sistema de rastreo de posición incluido en su auricular para saber que ella había llegado. Entonces Manna le contó el primer paso.


Manna: “Coloca la señal cónica de “suelo mojado” en la puerta de afuera por favor.”


Cuando Jane completaba la tarea, debía decir la palabra “OK” al micrófono y Manna pasaría al siguiente paso en el procedimiento de limpieza de baños.


Manna: “Por favor deja abierta la puerta bloqueándola con el tope.”


Jane: “OK”


Manna: “Por favor coge el cubo y la fregona del armario de suministros.”


Jane: “OK”


Y así con todo.


Una vez que el baño estuviera limpio, Manna dirigiría a Jane a guardarlo todo. Manna se aseguraría de que ella se lavase cuidadosamente las manos. Luego Manna pondría inmediatamente a Jane a realizar otra tarea. Mientras tanto, Manna podría mandar a Lisa al baño para inspeccionarlo y asegurarse de que Jane había hecho un buen trabajo. Manna pediría a Lisa que revisara los váteres, el suelo, los lavabos y los espejos. Si Jane se hubiera dejado algo, Lisa lo diría.


Yo crecí en Cary, Carolina del Norte. Eso fue hace mucho tiempo, pero cuando era un crío vivía justo en el centro de Cary con mis padres. Mi padre era piloto de una gran aerolínea. Mi madre era un ama de casa y yo tenía además una hermana menor. Vivíamos en la típica casa de cuatro dormitorios en un buen barrio con piscina en la parte de atrás. Yo era un quinceañero trabajando en el Burger-G el 17 de mayo cuando el primer sistema Manna fue encendido.


Puedo recordar como fue ponerme el auricular por primera vez y la voz de la computadora hablándome y diciéndome qué hacer. Fue espeluznante al principio, pero ese sentimiento solo duró un día o dos. Luego te acostumbrabas, y el trabajo se hacía más fácil. Manna nunca estaba encima tuyo, nunca te gritaba. A las chicas también les gustaba porque nunca les acosaba. Manna sólo te pedía que hicieras algo, lo hacías, decías “OK”, y Manna te pedía que realizaras el siguiente paso. Cada paso era fácil. Podías estar todo el día con el piloto automático puesto, y Manna se aseguraba que estabas todo el día haciendo algo. Al final del turno Manna siempre te decía lo mismo “Has terminado por hoy. Gracias por tu ayuda.” luego tu te quitabas tu auricular y lo dejabas en su base de recarga. Los primeros minutos sin el auricular siempre te desorientaban – habías tenido una voz dentro de tu cabeza diciéndote exactamente que hacer detalladamente al minuto por seis u ocho horas. Tenías que volver a encender tu cerebro al salir del restaurante.


Para mí, Manna estaba bien. El trabajo en el Burger-G era mecánico, y Manna lo hacía fácil diciéndote exactamente qué hacer. Podías incluso hacer que Manna pusiera música de fondo en tus auriculares. Manna tenía un conjunto de cadenas de entre las que podías escoger. Eso era una ventaja. Y Manna te mantenía ocupado todo el día. Cada minuto tenías a Manna pidiéndote algo. Si simplemente desconectabas tu cerebro y le seguías la corriente, el día se pasaba muy rápido.


A mi padre, en cambio, no le gustaba para nada Manna desde el primer día que me vio llevando los auriculares en el restaurante. Él y mamá habían venido para comer y saludar. Sabía que venían, así que había programado mi descanso de tal manera que pudiera sentarme con ellos unos minutos. Cuando me senté, mi padre notó los auriculares.


Así que”, dijo él, “te tienen todo el día trabajando en automático. ¿Te parece un paso adelante o hacia atrás?”


No es en automático”, repliqué, “Es un nuevo sistema que han instalado llamado Manna. Administra la tienda.”


¿Y cómo lo hace?”


Me dice que tengo que hacer a través de los auriculares.”


¿Quién, el encargado?”

No, es un computador”


Me miró por un buen rato, “¿Un ordenador te está diciendo qué tienes que hacer en tu trabajo? ¿Y qué hace el encargado?”


El ordenador es el encargado. Manna, de manager, ¿Lo pillas?”


¿Te refieres a que el ordenador te está diciendo lo que tienes que hacer todo el día?”, preguntó él.


Sí.”


¿Cómo por ejemplo?”


Le dí un ejemplo, “Antes de que llegarais, yo estaba sacando la basura. Manna me dijo cómo hacerlo.”


¿Qué te dijo?”


Te dice exactamente qué hacer. Como por ejemplo, me dijo que sacara cuatro nuevas bolsas de la rejilla. Cuando lo hice me dijo que fuera a la papelera número 1. Una vez que estaba allí me dijo que abriera la cubierta y sacara la bolsa con basura. Cuando lo hice me dijo que comprobara que en el suelo no había quedado ningún resto. Luego me dijo que atara la bolsa y la pusiera a un lado, a la izquierda. Luego me dijo que pusiera una nueva bolsa. Me dijo que ajustara la nueva bolsa al borde. Luego me pidió que volviera a poner la cubierta de nuevo y cerrarla. Luego me dijo que limpiara la papelera y me asegurara de que estaba impoluta. Para terminar me pidió que presionara el botón de “ayuda” para asegurarse de que funcionaba. Luego me dijo que me desplazara a la papelera número 2. Así fue.”


Me volvió a mirar por largo tiempo antes de decir, “Señor, no eres más que una pieza de un robot. ¿Qué es lo que te está diciendo ahora?”


Sólo acaba de decirme que me quedan 3 minutos de mi descanso. Y me ha pedido que sonría y salude a los clientes. ¿Qué tal esto? ¡Hola!” Y le mostré una gran sonrisa.


Ayer la gente controlaba las máquinas. Ahora ellas nos controlan a nosotros. Eres los ojos y manos de este robot. Y todo para que Joe García pueda hacer 20 millones de dólares por año. ¿Sabes qué ocurrirá si se esto extiende?”


No, no lo sé. Y pienso que el señor G hace más de 20 millones de dólares en por año. Pero ahora ya sólo me quedan dos minutos, y Manna me está diciendo que tengo que volver a la estación 3 para prepararme para el resto de mi turno. Nos vemos.” Me despedí de mamá. Papá se me quedó mirando.


Las pruebas en nuestro Burger-G fueron sorprendentemente exitosas. Había hombres de la corporación Burger-G en el restaurante mirándonos,, arreglando fallos en el programa, asegurándose de que Manna cubría todos los frentes, y estaban encantados. Les llevó como 3 meses resolver todos los fallos, y mientras lo hacían el programa Manna cambió completamente el restaurante. El rendimiento de los trabajadores casi se dobló. Lo mismo hizo la satisfacción de los clientes. También lo hizo la fidelidad de los clientes. Las papeleras nunca rebosaban. Los baños estaban francamente limpios. Los empleados siempre se lavaban las manos cuanto tenían que hacerlo. La comida estaba lista antes. Los pedidos que se distribuían eran casi 100% precisos porque Manna nos hacía comprobar que todos los artículos en la bolsa eran lo que el cliente había pedido. La tienda nunca se quedaba sin suministros – Siempre había servilletas de sobra en los dispensadores y el contenedor de ketchup siempre estaba lleno. Había suficientes empleados en la tienda en las horas punta, porque Manna podía rastrear con precisión tendencias y empleados de forma apropiada.


Además, Burger-G ahorró una tonelada de dinero. En 2010, Burger-G tenía más de 1000 puntos de venta en los Estados Unidos. Manna funcionaba tan bien que Burger-G se volvió nacional en 2011. Para 2012 Burger-G había prescindido de más de 3000 de sus empleados mejor pagados – encargados y encargados asistentes en su mayoría. Ese cambio ahorró a la compañía casi 100 millones de dólares por año, y todo ese dinero fue directo al balance económico de la cadena de restaurantes. Los accionistas estaban extasiados. El señor G se dio un gran aumento para celebrarlo. Además, Manna había optimizado el personal de las tiendas y había obtenido aumentos significativos de productividad de los empleados de las tiendas. Eso ahorró otros 150 millones de dólares. 250 millones de dólares hacen una gran diferencia en la industria de la comida rápida.


Así que, la primera oleada real de robots no reemplazó a los trabajadores de las fábricas como todos imaginábamos. Los robots reemplazaron a los encargados de sueldo medio y mejoraron significativamente la productividad de los empleados de menor sueldo. Todas las cadenas de comida rápida observaron el experimento de Burger-G con Manna muy de cerca, y por el 2012 empezaron a instalarlo también. Para el 2014 o así, casi todos los negocios en Estados Unidos que tenían una significativa cartera de empleados de sueldo mínimo estaba instalando Manna o algo similar. Lo tenían que hacer para poder competir.


En otras palabras, Manna se extendió por todo el paisaje corporativo estadounidense como un fuego incontrolable. Y mi padre tenía razón. Fue cuando todos estos nuevos sistemas Manna empezaron a hablarnos que las cosas empezaron a hacerse incómodas.

Manna por Marshall Brain

Hace tiempo leí una gran historia de ciencia ficción que me dejó impresionado. Se llamaba Manna y la escribió Marshall Brain, el autor de How Stuff Works, una página que le hizo famoso en los E.E.U.U.

El relato trata de cómo, partiendo de nuestra sociedad actual, los robots pasan a controlar nuestras vidas y al final la humanidad acaba hacinada en una especie de campos de concentración.

La historia la cuenta el personaje principal como si fuera su pasado. Desde sus comienzos trabajando en una hamburguesería hasta acabar en uno de esos campos de concentración.

Aquí tenéis el enlace a la historia original. Para los que la quieran leer en español, la iré traduciendo aquí para vuestro disfrute.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Las 3 leyes

  1. Un robot no debe dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño.
  2. Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto si estas órdenes entran en conflicto con la Primera Ley.
  3. Un robot debe proteger su propia existencia, hasta donde esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.
- Isaac Asimov -
  • Un robot no puede hacer daño a la Humanidad o, por inacción, permitir que la Humanidad sufra daño. (Corolario de la 1ª ley)