sábado, 21 de marzo de 2009

Manna: Capítulo 4

Manna
Capítulo 4

Burt quiso salir fuera a dar un paseo. Siempre que se nos permitía, intentábamos ir de paseo todas las tardes. Dejamos la cafetería y salimos por la puerta principal junto con otro grupo de personas.


El edificio del cual salimos era otro de los proyectos terrafoam. El terrafoam era un producto de construcción superbarato, y todos los dormitorios de los servicios sociales estaban hechos de él. Usaban un barro arcilloso al que le inyectaban aire hasta hacer una espuma densa, le daban forma de largos paneles y lo calentaban como a un ladrillo en un horno portátil. Era barato y les permitía construir rápidamente grandes edificios. Los robots construyeron el edificio siguiente al nuestro en una semana.


El gobierno finalmente se dio cuenta de que dar oportunidades a personas en asistencia social no era una gran idea, y además también era caro. En vez de darle a la gente un cheque de caridad, empezaron a meter a los destinatarios de la caridad directamente en viviendas del gobierno y a servirles la comida en un autoservicio. Si el gobierno pudiera manejar el coste de esas viviendas y comida, se minimizaría la cantidad de dinero que tendrían que emplear en los destinatarios de asistencia social.


Como los robots tomaron los puestos de trabajo, el número de destinatarios de asistencia social creció rápidamente. Manna reemplazó a decenas de millones de trabajadores de salario mínimo por robots, y las viviendas de terrafoam se convirtieron en los sitios elegidos para almacenarlos. Los edificios de terrafoam no eran bonitos, pero eran increíblemente baratos de construir y estaban diseñados para su máxima ocupación. Apiñaron los edificios en descampados bien lejos de los centros urbanos de manera que nadie tuviera que verlos. Se parecían mucho a los dormitorios de los antiguos colegios mayores. Cada persona tenía una habitación de 5 por 10 pies con una cama y una televisión – el mejor pacificador del mundo. Durante el día la cama era un sofá y la gente se sentaba sobre la colcha, que también servía como sábana y manta. Por la noche era una cama. Cuando yo llegué, acababan de empezar a poner literas para doblar el número de personas en cada edificio. Burt no estaba entusiasmado cuando me vio llegar – había tenido una habitación privada durante 10 años, y mi llegada era el final de esa época. Por lo menos se mostró educado sobre el tema.


Al final de un pasillo muy largo se encontraban lo baños comunales. Esta fue la parte menos favorita de mi experiencia terrafoam. Los baños consistían en una hilera de lavabos, otra hilera de platos de ducha y otra hilera más de inodoros. Dada la localización de nuestra habitación, teníamos un paseo hasta los baños de unos 200 pies. Cuando tenías que ir de noche, casi parecía más fácil mojar la cama y dejar que los robots se encargaran de ello por la mañana. Para cuando habías recorrido todo el camino de ida y de vuelta ya estabas completamente despierto.


No había ventanas en todo el edificio. Fue una medida de recorte de gastos, pero también ayudaba a hacer cada habitación idéntica a las demás. La altura del techo era de 7 pies, así que las habitaciones eran muy bajas. Había luces LED por todas partes – nuestra habitación era absolutamente idéntica a las demás habitaciones del edificio y tenía un único y desnudo panel LED sujeto al techo. Había más paneles como ese cada 10 pies en los pasillos. Absolutamente todo en el edificio era marrón. Paredes marrones, colchas marrones, techos marrones, suelos marrones. Incluso el baño y cada instalación en él eran completamente marrones.


Bajo las plantas de dormitorios había una cafetería regentada por robots. Los robots no eran malos - la comida era aceptable. También mantenían los baños, pasillos y habitaciones inmaculados. Cada día a las 7 de la mañana, 12 del mediodía y 6 de la tarde los turnos para el desayuno, la comida y la cena empezaban. Había seis turnos de 15 minutos por cada comida para ahorrar espacio en la cafetería. Burt y yo teníamos el tercer turno. Te sentabas, te servían la comida, comías, hablabas durante 5 minutos mientras bebías tu “café” y te ibas para que los del siguiente turno pudieran llegar. Con 24000 personas entrando en cada turno no había tempo para la típica cola de cafetería. Todo el mundo tenía un asiento asignado, y un ejército de robots te servían ya en tu mesa.


Ya que nadie tenía ventanas, podían empaquetarnos realmente en esos edificios. Cada edificio dormitorio de terrafoam tenía una planta de 4 acres. Era un perfecto cubo marrón de 417 pies por 417 pies por 417 pies. Originalmente, cada cubo tenía capacidad para 76800 personas. Doblarlo hasta 153600 personas por cada edificio era impensable, pero lo estaban haciendo de todas formas. Por otro lado, te maravillabas de su eficiencia. Con esa densidad, podían cobijar a todos los receptores de caridad del país en menos de 1500 edificios de estos. Espaciando los edificios 100 pies entre ellos podrían haber cobijado a 200 000 000 personas en un espacio de menos de 20 millas cuadradas si hubieran querido. A esa densidad, podrían haber puesto a cada persona desempleada del país en un espacio menor de 5 millas cuadradas de tamaño, poner una valla alrededor y olvidarse de nosotros. Si, accidentalmente, soltaran una bomba nuclear o dos sobre nosotros, desapareceríamos y nunca más se tendrían que preocupar de nosotros.


Estados Unidos no era muy diferente de un país tercermundista en el año 2050. Con la llegada de los robots, diez millones de personas perdieron sus trabajos de salario mínimo y la riqueza se concentró muy rápidamente. Los ricos controlaban la burocracia estadounidense, la seguridad militar, los negocios y los recursos naturales, y las masas desempleadas vivían en terrafoam, cortando cualquier posibilidad de cambiar la situación. Estaba la fachada de las “elecciones libres”, pero sólo los candidatos apoyados por los ricos llegaban a las votaciones. El gobierno estaba completamente controlado por los ricos, lo mismo que las fuerzas robóticas de seguridad, el ejército y las agencias de inteligencia. La democracia estadounidense se había transformado en una dictadura tercermundista dirigida por la élite pudiente. Al final esperarías que hubiera motines por todo Estados Unidos. Pero la gente no se podía amotinar. El pánico terrorista de principios de siglo había conllevado un gran número de cambios importantes. Para el 2030, había cámaras de seguridad y micrófonos cubriendo y grabando casi cualquier pulgada cuadrada de territorio público en Estados Unidos. Había escuchas en todas las conversaciones telefónicas y mensajes a través de internet en busca de pistas sobre terroristas. Si alguien pensaba en empezar una marcha de protesta o motín, o discutía sobre alguna acción de desobediencia civil con cualquier otro, era marcado como terrorista y puesto en prisión preventiva. Combinando eso con las fuerzas robóticas de seguridad, los motines eran imposibles.


La única solución para mucha gente, ya que se quedaban sin empleo, era el reparto gubernamental. Las viviendas de terrafoam era lo que el gobierno repartía.


Mi situación fue muy atípica realmente, porque yo conseguí estar fuera de Terrafoam mucho más tiempo que el resto. Había sido lo suficientemente afortunado como para ser maestro, y en el 2030 hice la transición a administrador. Eso me permitió resistir un buen tiempo. Pero el departamento de educación se fue haciendo más y más robótico y fui excluido.


Fue una experiencia divertida. Manna me informó una tarde de viernes de que había sido despedido. Pero la red Manna también sabía que no había otras posibilidades de empleo para mí, ya que sabían el estado laboral de todo el mundo. Como muchas personas, casi todo lo que tenía fue arrendado. No podría pagar con nada de todo eso. Yo estaba soltero y todos mis parientes ya estaban en Terrafoam. Manna lo sabía. Nadie que conociera en la ciudad se había ofrecido a tenerme como invitado y Manna lo sabía.


Así que Manna lo juntó todo y se tomó la libertad de desconectarme. Nada más terminé la entrevista de despido y dejé el edificio, tuve dos escoltas robóticos. El robot de mi derecha me dirigió a un autobús robótico que acababa de salir. El autobús parecía medio lleno.


Jacob Lewis105, ahora está sin empleo. ¿Tiene usted otra forma de ganarse la vida?”


Por supuesto que sabían la respuesta, pero, formalmente, no se podía evitar esta parte. “No.”


¿Tiene usted estatus de invitado con algún otro residente?” Preguntó el robot.


No.”


¿Tiene algún otro apoyo desconocido por mí?”


Supongo que podía haber tenido un escondite de oro debajo de mi colchón, y esta pregunta me permitía declararlo. Un escondite así sería una razón para arrestarme, por supuesto. Así que estaba fastidiado de cualquier forma. “No.” Estaba sin medios en los que apoyarme. “De acuerdo a la ordenanza 605.12b, usted ha sido asignado a la habitación 140352 en el edificio 16, cuadrante C. Esta asignación le proveerá de una vivienda apropiada y del alimento necesario para mantenerle con vida. Por favor, suba al autobús”

Así es como acababas en Terrafoam. El sistema sabía que no tenías medios de apoyo, así que te “daba” uno. Podrías abandonar Terrafoam una vez que volvieras a tener medios con los que mantenerte, pero no había forma de hacerlo a menos que Manna te los diera.


¿Era una prisión? Sí. Pero no había muros. La comida era buena. Los robots eran tan amables y respetuosos como podían serlo. Podías pasear por fuera por donde y cuando quisieras. Pero había un límite invisible Cuando te alejabas demasiados de tu edificio y te aproximabas a ese límite, dos robots se te acercaban. Lo había intentado muchas veces. “Es tiempo de regresar Jacob Lewis105. Hay una construcción en la siguiente zona y, por su seguridad, no podemos permitirle continuar.” Los robots te daban cientos de razones para que volvieras. Construcción, explosiones, contaminación, exceso de luz, descarrilamiento de trenes, posibles tormentas de rayos, migraciones animales y otras más. Podían ser muy creativos en sus razones. Era parte de su educación. Si te volvías, bien. Si hacías cualquier movimiento en una dirección que no fuera la indicada, eras inmediatamente anestesiado y te levantabas de nuevo en tu habitación. Sólo lo había intentado dos veces.


Era un buen día. El sol estaba luciendo y la temperatura era suave, así que mucha gente estaba afuera circulando. Burt y yo decidimos pasear a lo largo del río lo más lejos que nos dejaran los robots. Yo llevaba la misma vestimenta que todos los demás, y me desabroché los dos botones de arriba debido al calor.


Hoy se cumple tu primer aniversario en Terrafoam. ¿Cómo te sientes? Preguntó Burt”


Estoy pensando que debe haber alguna forma de salir de aquí.” Dije yo.


Sé lo que dices. Intento no pensar en ello. Pero no es tan inusual. A lo largo de la historia, miles de millones de personas han vivido de esta manera. Piensa en cuando vivías en los suburbios. Tus padres tenían una casa de 3000 pies cuadrados con piscina a comienzos de siglo. Vivías allí. Desafortunadamente, en ese momento de la historia, había miles de millones de personas alrededor del mundo viviendo en la pobreza – vivían con menos de un dólar o dos al día. Mientras tanto, tu familia tenía 300 dólares al día. ¿Hiciste algo para cambiarlo? Miles y miles de millones de personas viviendo en países tercermundistas, apiñándose en la suciedad, cagando en zanjas. Caminarían a lo largo del río justo como nosotros estamos haciendo ahora y se dirían unos a los otros "Debe haber alguna forma de salir". Podrían ver que están perdidos – potencial humano totalmente malgastado atrapado en una terrible situación. Sus hijos y los hijos de sus hijos vivirían por siempre así porque no había absolutamente alguna forma de salir. ¿Se paró alguien a ayudarles? ¿Te paraste tú? No. Estabas demasiado ocupado salpicando en la piscina. Esos miles de millones de personas vivieron y murieron en increíble pobreza y a nadie le importó.”


Burt podía ponerte de los nervios cuando hablaba así. Esta no era la primera vez que había escuchado su soliloquio. Era deprimente, y cierto, pero después de la tercera o cuarta vez se volvió algo viejo. Por supuesto, él había estado en Terrafoam más de 10 años. Supongo que había tenido mucho tiempo para rumiarlo.


Y estaba en lo cierto. Nadie ayudó a los miles de millones de personas que vivían en la pobreza a comienzos de siglo. Y nadie nos ayudaría ahora. El mundo no funcionaba de esa manera. Si estás viviendo una vida confortable en un barrio confortable con una piscina en el patio trasero, ¿te preocuparías por alguien más? Eres inmune a sus problemas, así que te quedas salpicando en la piscina. Nunca se te ocurre ayudarles, porque es demasiado abstracto. “Debe haber alguna forma de salir de aquí.” Repetí.


¿Estás loco? No puedes rediseñar la sociedad. Nadie puede.” Burt se rió muy alto tan pronto como lo dijo. “Veamos, si yo fuera una persona rica viviendo en una espléndida y amurallada ciudad en increíbles lujos, veamos, ¡¿Querría cambiar las cosas?! Ummm, Ummm. Esta es una pregunta difícil. Por eso estás loco. Nunca cambiarás nada. Viviremos y moriremos aquí. Los ricos no nos necesitan, y ciertamente no van a repartir su riqueza entre nosotros. Mierda, ¿Por qué no te deshiciste de tu piscina de principios de siglo para ayudar a gente muriéndose de hambre en África? ¿O incluso a otros estadounidenses que vivían en la pobreza?” Burt estaba disfrutando de su cinismo.


No habría servido para nada. Una piscina no podría ayudar a nadie en África. Ese era el problema – incluso si tú, como persona, quisieras ayudar, no había forma de hacerlo. Por eso debemos rediseñar la sociedad. La sociedad no debería permitir que un pequeño grupo de personas vivan como reyes mientras que el 80% de la gente en el planeta se mueren de hambre o viven de la caridad. ¿Por qué crearíamos una sociedad así? ¿Qué hay de bueno en que haya personas con miles de millones de dólares mientras que la mayoría se muere de hambre?” Pregunté.


La sociedad siempre fue así. Vivías como hace 50 años. ¿Acaso te importó?” Preguntó Burt en respuesta.


No, no me importó. Pero debería haberme importado. No deberíamos haber diseñado una sociedad así – son como nazis diseñando campos de concentración.” Dije.


Burt replicó rápidamente. “Díselo a los nazis. Díselo a la gente que vive como reyes hoy en día. Te darían mil razones sobre por qué se merecen lo que tienen. Trabajaron duro... Bla, bla, bla. También nos dirían alegremente por qué nosotros, y el resto de gente pobre y los receptores de caridad no merecemos nada. Es exactamente la misma lógica que te permitió tener una piscina mientras la mitad del mundo se moría de hambre. No tiene sentido, a menos que seas el que tiene la piscina. En ese caso tiene todo el sentido. Y la gente con piscinas tiene el poder para protegerlas, y así es como es.”


Burt, eso es estúpido.” Dije yo, “¿Cuál es la posible justificación para que haya gente viviendo de la caridad o en sucias chabolas y muriéndose de hambre?”


¿Pensaste en esto cuando nadabas? Por supuesto que no. Esa no es la naturaleza humana. Ojos que no ven, corazón que no siente. No podías ver a la gente hambrienta asi que no pensabas en ellos. Como poco no te preocupabas.” Dijo Burt.


Yo repliqué, “Podríamos cambiarla ahora. Los robots están haciendo todo el trabajo. Los seres humanos – todos los seres humanos – podrían estar perpetuamente de vacaciones. Eso es lo que me fastidia. Si la sociedad hubiera sido diseñada de alguna manera, podríamos estar todos de vacaciones en vez de viviendo de la caridad. Todas las personas del planeta podrían vivir en el lujo. En vez de eso, están pensando en matarnos. ¿Has oído que las mujeres estaban tratando de beber el agua del río? Hay gente que dice que están poniendo anticonceptivos en el agua”


Sí. También he oído que el agua del río te pone terriblemente enfermo. Los robots no tratan siquiera de impedírselo.” Dijo Burt.


Necesitan hervir el agua.”


¡¿Con qué?!” Burt me miró. Luego miró al río y después volvió a mirarme. “Vale, vale. Así que ¿qué sería mejor? ¿Cómo crearías una sociedad diferente en vez de vivir así?”


No tengo ni idea. Y si la tuviera, tampoco cambiaría nada.”


Caminamos en silencio casi media milla. Tres robots se nos acercaron. Uno de ellos dijo “Es hora de volver Jacob Lewis105 y Burton Forrester416. Hay un perro rabioso en la siguiente zona y, por su seguridad, no podemos permitir que continúen.”


Gracias.” Dije, y nos volvimos. Los robots nos siguieron a una respetuosa distancia de 50 pasos y luego se dispersaron. “¿Un perro rabioso? Nunca había oído esa.” Dijo Burt. Andamos todo el camino de vuelta al edificio en silencio. Cogimos el ascensor hasta la planta 14, recorrimos el pasillo principal y luego el pasillo hasta nuestro dormitorio.


Yo caminaba pensando en mis cosas y salté 3 pasos para atrás cuando me fijé en ellas. Casi tiré a Burt salvo porque él estaba tan sorprendido como yo al ver a las dos mujeres sentadas en nuestra litera. Estaban viendo la televisión y se giraron sonrientes nada más entramos.


¿Quiénes sois?” Pregunté, planteando la pregunta obvia. Las dos mujeres se levantaron. Vestían de forma casual pero con ropa muy buena. Las dos llevaban joyas – algo que no había visto en un año. Burt y yo teníamos la misma edad y ellas parecían jóvenes aunque era algo difícil de saber. Definitivamente no eran residentes de Terrafoam. Y las dos llevaban libros muy gruesos. Parecían listines telefónicos de otra era, o grandes catálogos como los usuales de los almacenes Sears de hace tiempo. No había visto un libro como ese hace más de 20 años como poco.


Secundo la pregunta” fue la reacción de Burt.


Lamentamos mucho sobresaltarles,” dijo la mujer de la izquierda. “sabemos que esto es inesperado, pero estamos aquí para hablar con Jacob Lewis105. ¿Quién de ustedes es?”


Yo soy Jacob Lewis105, ” Dije. “¿Cómo han llegado aquí? Me sorprende que los robots se lo hayan permitido.”


Eso le quedará claro en la siguiente hora. ¿Sería posible hablar a solas con usted, señor Lewis105?”


Supongo. Burt, ¿Te importaría dejarme a solas por un momento?”


Burt dijo, “Iré abajo a hablar con Mike. Ven a buscarme si me necesitas.”


Se sentaron de nuevo en la litera, lo que no era una tarea fácil dado el espacio disponible. Para empezar, parecían tremendamente fuera de lugar en la habitación. Me ofrecieron asiento.


Jacob Lewis105, lo que le vamos a contar hoy puede ser algo sorprendente para usted, pero todo es cierto. Nos llevará aproximadamente 30 minutos y después, con su permiso, se le permitirá salir del sistema terrafoam. ¿Podemos empezar?”